EL DILEMA DEL ERIZO.


“El dilema del erizo”. Así es conocida la parábola de Schopenhauer, el filósofo alemán. Somos seres sociales por naturaleza. En nuestra vida nos damos cuenta que en las relaciones sociales podemos herirnos o mantenerlas en la distancia.

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El gran pensador también exploró las posibilidades filosóficas de la parábola. Una de sus más conocidas, y más debatidas también, es la llamada “Dilema del erizo”, escrita en 1851 para su obra Parerga y Paralipómena: escritos filosóficos menores (Parerga und Paralipomena: Kleine philosophische Schriften).

 

LA PARÁBOLA

En un día muy frío, dos erizos se encuentran y sienten simultáneamente la necesidad de calor. Para satisfacer esa necesidad buscan la cercanía corporal del otro, pero cuánto más se acercan más dolor les causan las púas del cuerpo ajeno. No obstante, al alejarse aumenta la sensación de frío, por lo que ambos erizos deben ir acomodándose hasta alcanzar una distancia óptima.

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La idea central de esta parábola de Schopenhauer es que cuanto más cercana sea la relación entre dos seres la posibilidad de hacerse daño mutuamente es mayor, mientras que cuanto es más distante existen menos posibilidades de que esto suceda, aunque, como en el caso de los dos erizos, eso termine matándolos de frío, es decir, sufriendo las inclemencias de la sociedad en la que vivimos.

El dilema podría dividirse entre aquellos que son capaces de morir de amor, por exceso de cercanía, o bajo las crudezas sociales en soledad.

Pero existe una tercera lectura que se superpone a las anteriores, y que acaso sea la que Schopenhauer imaginó inicialmente.

Podemos pensar que estos erizos del filósofo alemán no son espíritus utópicos. No buscan morir ensartados ni tampoco de frío. Eligen acomodarse lo mejor posible a las circunstancias. En otras palabras, ninguno de los dos soporta la lejanía extrema, pero tampoco una aproximación absoluta.

Los vínculos humanos, parece sugerirnos Schopenhauer, se tejen con una fibra mucho menos noble de lo que nos gustaría imaginar.

El hombre tiende hacia una banal pero deliciosa forma de estabilidad. Aquellos erizos no buscan realmente ni el frío ni el calor, tampoco la salvación o el abandono, la proximidad letal o la distancia irreversible, sino lo más burocrático y miserable que podemos imaginar: buscan lo más soportable.
Conviene tener en cuenta la parábola de Schopenhauer en algunas noches particularmente frías.

CITAS

Sigmund Freud cita la parábola de Schopenhauer en una nota a pie de página de su ensayo Psicología de las masas y análisis del yo:

«Consideremos el modo en que los seres humanos en general se comportan afectivamente entre sí. Según el famoso símil de Schopenhauer sobre los puercoespines que se congelaban, ninguno soporta una aproximación demasiado íntima de los otros»

Luis Cernuda se refiere a ella en las palabras iniciales de Donde habite el olvido:

«Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos».

“Como se sabe, las bajas temperaturas atenúan el dolor de las espinas”.

Fuente: [Wikipedia, elespejogótico]

Ampliado y modificado By La Daga.

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