11S: LA GRAN CONSPIRACIÓN.


Nuestra síntesis anual de la información más relevante en torno a los misteriosos hechos sucedidos el 11 de septiembre del 2001, el día en que el mundo cambió, pero sobre todo por atisbar que existe una elite que busca manipular los acontecimientos globales.

A 11 años del día en el que “el mundo se transformó” por un supuesto ataque terrorista que  una fuerte carga simbólica y que puso en marcha una nueva narrativa global —el terror y la supervigilancia—, surgen cada vez más y más contundentes dudas sobre la versión oficial de lo que sucedió ese mítico 11 de septiembre de 2001. Como si ese día se hubiera liberado una poderosa energía que para algunos representó el miedo, la inseguridad y el odio y para otros, en palabras del ex consejero de Seguridad Nacional Zbigniew Brzezinzki, “un masivo despertar político”, al tomar conciencia de estar dentro de una gigantesca manipulación. En cierta forma el 11-S es el día en que se estremeció para millones de personas la matrix de la realidad y se atisbó la existencia de una agenda oculta de control mental masivo.

Si bien es difícil definir del todo lo que en realidad sucedió ese día, después de tanta prestidigitación y desinformación, resulta evidente que la “Singularidad” del 11 S, como la llamó Jean Baudrillard, involucra una compleja operación política y financiera e incluso religiosa que actualmente sigue en marcha y que se vale de la propaganda y de la manipulación de la opinión pública para efectuar su cometido. A 10 años de los “atentados terroristas” podemos ver que, como consecuencia, se ha movilizado la industria militar como nunca en la historia, gastando Estados Unidos más de  3.2 billones de dólares  (3.2 trillones en inglés) solamente en las guerras de Afganistán e Irak, una cantidad de dinero que se ha ido en buena parte a las familias que controlan las empresas que reciben contratos militares y de infraestructura del gobierno de Estados Unidos. Al mismo tiempo se ha implementado una estructura global de vigilancia, espionaje e inteligencia bajo pretexto de mantener la seguridad de los principios de democracia y libertad amenazados por el espectral enemigo del terror.

El 11 de septiembre del 2001 murieron 2,722 personas (el verdadero ataque ocurrió en le televisión, en la psique de las millones de personas sintonizando en vivo la cobertura); en contraste, según las cifras más conservadoras, han muerto 225 mil en las guerras de Irak y Afganistán (se cree que podrían ser más de 1 millón), incursiones declaradas como respuesta a la supuesta agresión terrorista. Hoy Estados Unidos recordará a su víctimas —la cuales sinceramente son cuantitativamente insignificantes en comparación con las víctimas de su represalia—, reforzará su nacionalismo y justificará su despliegue bélico en el mundo (inyectando combustible a la maquinaria de guerra), sustentándose meramente en un simulacro —una psy-op, una lobotomía masiva. Nosotros preferimos condenar esta farsa colectiva y celebrar este día, si acaso, la conciencia de cuestionar a la autoridad, investigar individualmente los hechos y buscar liberarnos de la programación psicosocial que ejercen los medios mainstream. Se puede usar despectivamente la palabra “conspiracionista” o “conspiranoico”, pero creer sin cuestionar lo que nos dicen los gobiernos y la mayoría de los medios es simplemente ingenuo, por no decir idiota.

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Fuente: [Pijamasurf]

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