SOY PILOTO DE IBERIA.


“No hay urgencias ni temores en mi casa, ellos son tan conscientes como yo de que si me dejo robar ahora, será para siempre” – Oscar Molina.

Soy piloto de Iberia. Lo soy desde 1.999, año en el que me presenté a una convocatoria junto a otros 1.600 aspirantes en la que creo recordar que fuimos seleccionados 120. En 1.999 todos los pilotos españoles queríamos estar en Iberia, y yo estoy aquí por mi esfuerzo y dedicación. No soy muchas cosas, pero puedo garantizarles que ser piloto de Iberia es una de las que más orgullo personal me reporta.

Desde que empecé a trabajar aquí, toda mi labor profesional ha estado orientada a hacer de mi empresa una aerolínea grande, una referencia en el sector. Nunca he obrado animado por otra cosa que no sea devolver a Iberia lo que Iberia me ha dado: mi sueño profesional hecho realidad.
Soy un trabajador por cuenta ajena, y como tal tengo un convenio colectivo. Este convenio, que está en vigor, fue firmado en el año 2009. En mi convenio colectivo existe un anexo, el décimo, cuyo epígrafe es “Protección de Puestos de Trabajo”. En este convenio se pueden leer muchas cosas, entre ellas y por no ser exhaustivo, puedo copiarles lo siguiente:

“La Dirección se compromete a no segregar la operación de vuelo de Iberia L.A.E”.
Es decir, que en el año 2009, la dirección de Iberia se comprometió a no hacer lo que hoy quiere hacer: segregar la operación de vuelo creando una nueva compañía, Iberia Express, a la que traspasará 40 aviones de la matriz.

Todas las salvaguardas a la protección de nuestros empleos que firmó Iberia no fueron gratis. A cambio de estas garantías, los pilotos cedimos la congelación de nuestros salarios y aumentos de productividad. Hoy, la dirección de Iberia se ha cobrado nuestra congelación, ha aplicado las cesiones de productividad y, sin embargo, no va a cumplir su parte. Va a vulnerar el pacto que, en el ejercicio de la libertad de empresa a la que apela para incumplirlo, firmó con sus pilotos.

Soy piloto de Iberia, y me siento estafado, decepcionado y ninguneado. Los destinos de mi empresa están regidos por quienes quieren prescindir de mí, sustituirme, entregar a otros el lugar que me gané, cegar mi futuro profesional. Y lo van a hacer, además, ciscándose en un pacto que firmaron conmigo.
Soy piloto de Iberia y no pretendo, como se dice, dirigir mi empresa. Si los gestores de Iberia han identificado un problema que ha de resolverse que lo hagan, pero respetando el acuerdo al que llegaron conmigo. Si es necesario apretarse el cinturón, mis representantes sindicales ya les han dicho que estamos dispuestos a ello, pero dentro del marco de lealtad que implica cumplir lo que se firma, lo que se firmó.

La maniobra de los directivos de Iberia ya se ha ensayado muchas veces: se crea una filial a la que se va traspasando toda la producción hasta que la filial absorbe a la matriz, que acaba cerrando y mandando a sus trabajadores al paro, sustituyéndolos por los de la filial. Se ha hecho en Bínter Canarias, se ha hecho en Mexicana de Aviación, se hizo en Swissair, se hizo en Sabena…ninguna de esas empresas existe hoy en día. Si los gestores de Iberia consiguen su objetivo mi puesto de trabajo tiene los días contados.
Soy piloto de Iberia y no defiendo ningún privilegio, ninguna condición laboral desorbitada y falsa, defiendo mi empleo y el futuro de mi familia. Defiendo el lugar que me he ganado y por cuya existencia he pagado un precio que ya me han cobrado.
Nadie con dos dedos de frente puede creerse que, como afirma la dirección de Iberia, se van a sacar de ella el 40% de los aviones y van conservar su empleo todos sus trabajadores. Es simplemente absurdo, y me parece increíble que haya profesionales de la información que puedan tragarse ese cuento y difundirlo. Si yo ejerciera mi profesión con esa falta de rigor, ya habría tenido un accidente.

No puedo entender que abunden los juicios morales sobre lo que hago para defenderme, y escaseen sobre la agresión que sufro. Es absolutamente surrealista que todo el mundo tenga una opinión sobre mi reacción, pero ninguna sobre la acción que la motiva.
Soy español, y como tal me duele que una infraestructura que costó a los españoles 7.000 millones de euros vaya a ser entregada con todo su potencial de crecimiento a una compañía extranjera, cuando existe una empresa española que está en condiciones de explotarla igual o mejor. Cuando los trabajadores de Iberia, todos, estamos deseando emprender un proyecto de futuro que haga a nuestra compañía más grande, contribuir al crecimiento de esta nación, y poner nuestro grano de arena para salir del pozo. Podemos hacerlo, queremos hacerlo, pero pretenden no dejarnos. Pretenden hacernos más pequeños para que otros puedan aprovechar lo que con nuestro esfuerzo ayudamos a crear y con el fruto de nuestro trabajo tapen sus agujeros.
Me duele porque me toca, pero me duele porque insulta a la inteligencia que los españoles volvamos a ser los tontos de la película, otra vez…

Es posible que al final, si se salen con la suya, un puñado de personas acaben forrándose con todo esto. Es seguro que este trabajo de desmantelamiento y puesta en almoneda de la empresa para la que trabajo acabe reportando suculentos “bonus” y jubilaciones millonarias a unos pocos. Pero lo hará a cuenta de las ilusiones profesionales de muchos y del futuro de otras tantas familias.
Yo estoy convencido de que esto no va a ocurrir, y pienso dejarme en ello hasta lo último que tenga, sin importarme lo que venga.
No me va a importar que me insulten tertulianos tan de bajo coste como la empresa que quiere crear Iberia. Sus descalificaciones no son más que la soldada de quien no puede ganarse la vida de otra forma y sirve a su señor. Mi trabajo es volar, y ahí arriba la mentira puede matarte, sólo vale la verdad, esa suerte tengo.

No me va a importar que se publiquen presuntos sueldos falsos. En mi casa saben lo que ingreso, saben la verdad, como la conocen mis amigos, y sobre todo saben lo mucho que me cuesta ganarlo.
No me van a asustar las amenazas con los males del infierno, ni siquiera que se me queme con ellos. Sé que la razón está de mi parte, sé que tengo derecho a lo que pido, mi conciencia está tranquila y todo eso, aunque haya quien lo ignore, vale más que muchas opciones sobre acciones.

Es posible que algunos no gusten de la lealtad y el compromiso, por ser un camino más lento hacia el enriquecimiento personal, pero a mí me da lo mismo, ése no es mi problema. Yo he cumplido mi parte, ahora exijo que se cumpla conmigo, y no voy a tener miedo a nada.
No hay urgencias ni temores en mi casa, ellos son tan conscientes como yo de que si me dejo robar ahora, será para siempre. Será para tener que emprender una nueva vida en otro sitio, pero sobre todo será entregar muchas cosas que ellos se han merecido más que yo. En mi casa me han visto abrir la puerta y me han dicho “Ve y haz lo que debas”.
Y yo lo voy a hacer.

No voy a perder esta guerra que yo no busqué, no existe esa posibilidad, y no le pido que me entienda, sólo que me respete.

Fuente: Extrados.

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